Las plegarias son la forma más antigua y más familiar para todos de ponernos en contacto con los ángeles. Todas las plegarias se han escrito para abrir nuestro corazón y para permitir que la luz de los ángeles entre dentro de nosotros para aportarnos esperanza y comprensión.
Ángel de Diós (Plegaria de noche)
Ángel de Diós, que eres mi Custodio por orden de la Divina Providencia, protégeme en esta noche, ilumina mi inteligencia, dirige mi cariño y gobierna mis sentimientos, para que no ofenda a Dios nuestro Señor. Así sea.
Ángel de Dios (Versión para niños)
Ángel de Dios que eres mi custodio, dirígeme y gobiérname puesto que te he sido confiado por la Piedad Celeste y así sea.
Invocación al Ángel Custodio
Oh Santo ángel custodio, ten cuidado de mi alma y de mi cuerpo. Ilumina mi mente para que conozca mejor al Señor y consiga amarlo con todo mi corazón. Asísteme en mi plegaria, ayúdame con tus inspiraciones, defiéndeme de todas las tentaciones y de todos los peligros.
Ayúdame a servir al Señor: no dejes de atender mi custodia hasta que no me haya llevado hasta el Paraíso, donde alabaremos juntos el buen Dios durante toda la eternidad.
Ángel buenísimo, mi custodio, mi tutor y maestro, mi guía y defensor, mi sabio consejero y amigo fiel, a ti me han encomendado, por la bondad del Señor, desde el día en que nací hasta la última hora de mi vida.
¡Cuanta reverencia te debo, sabiendo que estás siempre y en todas partes cerca de mi!
Tengo que agradecerte con gran reconocimiento por el amor que infundes en mí, por saber que eres mi asistente y mi defensor.
Enséñame, santo ángel, corrígeme, protégeme, custódiame y guíame por el recto y seguro camino hasta la Ciudad Santa de Dios.
No permitas que haga cosas que ofendan tu santidad y pureza.
Presenta mis deseos al Señor, ofrécele mis oraciones, muéstrale mis misericordias y ruega por el remedio de ellas de su infinita bondad y de la materna intercesión de María Santísima, tu Reina.
Vigila cuando duermo, sosténme cuando estoy cansado, sujétame cuando esté a punto de caer, levántame cuando me haya caído, indícame el camino cuando no vea, defiéndeme cuando pierda la lucha y, especialmente en el último día de mi vida, protégeme del demonio.
Por la gracia de tu defensa y de tu guía, permíteme por último entrar en tu gloriosa demora, donde durante toda la eternidad yo pueda expresarte mi gratitud y glorificar junto al Señor y a la Virgen María, nuestra Reina.
Desde el principio de mi vida me has sido dado como protector y compañero. Aquí, en presencia de mi Señor y mi Dios, de mi celestial Madre María y de todos los ángeles y los santos, yo, (nombre), pobre pecador quiero consagrarme a ti.
Quiero coger tu mano y no dejarla nunca más.
Prometo mostrarme siempre devoto a María, mi Señora, Reina y Madre y tomarla como modelo de vida.
Prometo prestarte devoción, mi santo protector, y propagar según mis fuerzas la devoción a los santos ángeles que se nos conceden en estos días como presidio y auxilio en la lucha espiritual para la conquista del Reino de Dios.
Te ruego, santo ángel, que me concedas toda la fuerza del amor divino para que yo pueda llenarme de él, toda la fuerza de la fe para que no caiga nunca más en la equivocación.
Te pido que tu mano me defienda del enemigo.
Te pido la gracia de la humildad de María para que pueda huir de todos los peligros y, guiado por ti, alcance en el cielo la entrada de la Casa del Padre. Amén.
Asísteme, santo ángel custodio, auxilio en mis necesidades, consuelo en mis desventuras, luz en mis tinieblas, protector en los peligros, inspirador de buenos pensamientos, intercesor ante Dios, escudo que rechazas el enemigo maligno, compañero fiel, seguro amigo, prudente consejero, modelo de obediencia, espejo de humildad y de pureza.
Asistidnos, oh ángeles que nos custodiáis, ángeles de nuestras familias, ángeles de nuestros niños, ángeles de nuestras parroquias, ángeles de nuestra ciudad, ángeles de nuestro país, ángeles de la Iglesia, ángeles del Universo. Amén.
Invocación al Arcángel Miguel
Glorioso príncipe de las milicias celestes, arcángel San Miguel, defiéndenos en las batallas contra las potencias de las tinieblas y su espiritual malicia.
Ven a ayudarnos, que fuimos creados por Dios y rescatados con la sangre de Jesucristo, su Hijo, de la tiranía del demonio.
Tú eres venerado por la Iglesia como su custodio y patrón y a ti el Señor ha confiado las almas que un día ocuparán las sedes celestiales.
Por lo tanto, ruega al Dios de la paz que mantenga sometido a Satanás bajo sus pies para que no pueda hacer esclavos suyos a los hombres ni dañar la Iglesia.
Presenta al Altísimo, junto a las tuyas, nuestras plegarias, para que descienda sobre nosotros su divina misericordia.
Encadena a Satanás y mándalo de nuevo a los abismos desde donde no pueda seducir de nuevo las almas. Amén.
Invocación a los tres Arcángeles
Venga del Cielo hasta nuestras casas
el ángel de la paz, Miguel, venga
portador de serena paz y relegue en el infierno
las guerras, fuentes de tantas lágrimas.
Venga Gabriel, el ángel de la fuerza,
expulse a los antiguos enemigos y visite los templos
queridos por el Cielo, que Él, triunfador
ha hecho construir sobre la tierra.
Que nos asista Rafael, el ángel que preside
la salud, venga a curar todos nuestros enfermos
y a dirigir todos nuestros pasos inciertos
por los senderos de la vida.
Plegarias Litúrgicas
Oh Dios, que llamas a los ángeles y a los hombres para que cooperen en tu propósito de salvación, concédenos a nosotros, peregrinos sobre la tierra, la protección de los espíritus beatos, que en el cielo se encuentran delante de ti para servirte y contemplan la gloria de tu rostro. Por Cristo nuestro Señor.
Nosotros proclamamos, Señor, tu gloria que resplandece en los ángeles y en los arcángeles; honrando a estos tus mensajeros, exaltamos tu infinita bondad; en los espíritus beatos tú nos revelas lo grande y amable que eres por encima de todas las criaturas. Por cristo nuestro Señor.
Oh Dios, que en tu misteriosa providencia mandas del cielo a tus ángeles para nuestra custodia y protección, haz que en el camino de la vida podamos ser sostenidos por su ayuda y alcanzar con ellos la gloria eterna. Por Cristo nuestro Señor.
Visita, Señor, nuestra casa y aleja de nosotros cualquier trampa del enemigo infernal; que tus santos ángeles nos custodien en la paz y que tengamos siempre encima de nosotros tu bendición. Por Cristo nuestro Señor.