La iglesia parroquial, única de Manzanares, bajo la advocación indistinta de Nuestra Señora de Altagracia o de la Asunción, o conjuntamente de Altagracia de la Asunción, era entonces en su aspecto exterior muy semejante a la que hoy contemplamos reconstruida en los años 1940-41, tras haber sido incendiada en la madrugada del 21 de julio de 1936. En cambio, su interior en los años que historiamos era muy diferente, presentando su techumbre una elegantísima nervatura gótica exornada de un espléndido retablo mayor, y llena de altares, imágenes, tallas, cuadros y bancos, constituyendo una extraordinaria riqueza artística acumulada durante siglos y perdida para siempre en aquella negra jornada; bajo todo su pavimento contenía (y contiene aún en gran parte) numerosas sepulturas de sacerdotes y de muchas familias que las tenían de abolengo, hasta el punto de haber sido durante varios siglos el lugar general de enterramiento de los vecinos.
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Interior de la Iglesia Parroquial, con magnífica nervatura gótica, antes de su destrucción en 1.936 |
Como se sabe, la iglesia parroquial había sufrido otro incendio tres siglos antes, entonces involuntario, a causa de unos cirios que quedaron encendido tras la procesión del Corpus. A las tres de la mañana del viernes 15 de junio de 1571, ardió con la mayor furia que se puede decir el altar mayor... los altares colaterales, con muchos paños de oro y sedas, piezas de plata y ornamentos... y los órganos, retablo, pendones de cofradías y se derritió la plata, pero milagrosamente quedó intacto el relicario donde había quedado el Santísimo Sacramento .
En 1808 también su contorno ofrecía aspecto diferente al actual, libre entonces de la verja delantera, destinándose a cementerio el atrio de la fachada principal, así como el de la posterior, en cuyo ángulo de la calle Ancha se alzaba una gran cruz de piedra, indicando lo sagrado del lugar; el espacio hoy ocupado por la sacristía, también formaba parte de aquel camposanto, hallándose entonces la sacristía en subterráneo, bajo el presbiterio y altar mayor.
En las minuciosas descripciones de la Encomienda realizadas ante escribano durante el siglo xvii a cada cambio de comendador, se nos da noticia detallada de la iglesia parroquial y de su contenido, ornamentos, plata, alhajas, tres grandes confesonarios cerrados, otros tres abiertos, bancos, cofre, taburetes, cuadros, mesas, libros de coro, andas, etc., todo ello destruido por el hacha y reducido a cenizas por la tea incendiaria en 1936.
El gran retablo mayor, obra de los entalladores locales Ruiz de Elvira en el siglo xvi , formado por cuatro grandes lienzos o cuadros de gran valor de autor no identificado, en estilo del Españoleto (a él se le atribuyeron tradiciónalmente y es cuestión que merece investigarse, cuya solución acaso pueda estar en el archivo de la Orden de Calatrava), ofrecía en su centro un gran relieve policromado representando la Coronación de Nuestra Señora y junto a la base de aquéllos, a sus lados y a los del elemento central, un total de diez imágenes exentas, de buen tamaño y excelente factura, talladas en madera en su color. La parte superior estaba adornada de magrníficas pinturas murales y la inferior se destinaba a sillería de madera tallada. El conjunto constituía una extraordinaria y armónica obra de arte.
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El Retablo primitivo, antes de su destrucción en 1.936 |
Los altares colaterales del crucero, en estilo barroco muy marcado, se dedicaban, los del lado derecho, a San Pedro y Nuestra Señora del Rosario, y los del izquierdo, a San José y Nuestra Señora del Pópulos , con el banco reservado a este lado al clero parroquial.
A cada lado de la nave central, junto al crucero, había sendos palpitos y junto a su lado derecho la capilla de Santa Teresa, fundada por la familia Salinas ; sobre ella campeaba el escudo de armas de los Chacón-Salinas, cuyo titular entonces lo era el marqués don Agatino ; los miembros de esta familia recibían sepultura en esta capilla. Durante el cuarto de siglo precedente al que nos ocupa la poseyeron como patronos los condes de Valiente, por permuta con el marqués de Salinas.
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Capilla de Sta. Teresa, fundada por doña María de Salinas en 1.686 y destruída en 1.936 |
Frente a esta capilla y al lado izquierdo de la nave central existía la de Nuestra Señora de la Candelaria y de la Transfiguración del Señor, en la que recibían sepultura los miembros de la familia Merino, tan antigua como la de Salinas ; en 18 de marzo de 1805, perdido ya el pleito de los Casa Valiente con Salinas, se enterró en ella a la niña María-Luisa Pérez-Valiente y Merino, hija del segundo conde de tal título y de su esposa doña María-Catalina Merino de la Fuente, que tenía derecho a este enterramiento .
Seguía por el mismo lado izquierdo la capilla del Santísimo Cristo de la Sangre y a continuación la del famoso Perulero, don Ruiz de Vigo, fundador de la capilla, clérigo enriquecido en América, uno de los primeros pobladores españoles del Perú, cuya biografía está aún por hacer. En ella se hallaba la pila bautimal y por eso los castizos manzanareños afirmaban manzagato y cristianado donde el Perulero. La sepultura de tan famoso personaje, en figura tallada en la misma capilla, fue violada y destruida totalmente en las trágicas jornadas de 1936.
En la nave central se disponían dos filas de grandes bancos con la misma disposición conservada hasta 1936, es decir, frente a frente en perpendicular al altar mayor, reservados exclusivamente a los varones, mientras que las mujeres en reclinatorios, sillas, silletejas y banquetas ocupaban como mejor podían los laterales. |